Agenda Parroquial de la Semana

miércoles, 10 de junio de 2020

La Homilia de este Domingo (Corpus)



La crisis del coronavirus nos ha hecho tomar conciencia de nuestra vulnerabilidad. Frente a las ilusiones de la ciencia ficción de una prolongación indefinida de la vida, nos hemos descubierto mortales. Más todavía, no hemos podido rendir nuestro homenaje de amor a los seres queridos que se nos han ido sin despedirlos. Hoy día, sin duda, la ciencia ha prolongado increíblemente la vida de las personas, pero no siempre se ha logrado la ansiada calidad de vida que todos deseamos.

Esa calidad no se puede reducir a tener una vida más confortable, en la que podamos consumir más, sino que debe ser una vida más plena, en la que todo lo que hagamos tenga más sentido porque está más conforme con nuestro ser auténtico y no simplemente con unas necesidades artificialmente creadas.

El pueblo de Israel, instalado en la tierra, viviendo sin problemas, corre el peligro de olvidar de dónde viene y adónde va. Por eso Dios le invita a recordar su paso por el desierto, en el que Dios se ocupó directamente de él para que no le faltara el alimento cotidiano, que nosotros seguimos pidiendo al Señor (Deut 8,2-3.14b-16). No debe sobre todo olvidar que el hombre vive no sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Además del hambre física, existen otras necesidades que saciar si queremos realizar la vocación humana. Como el hombre está destinado a vivir la vida de Dios, tiene que alimentarse de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo.

Los alimentos humanos no pueden garantizar una vida sin fin. Tan sólo un alimento espiritual puede darnos la vida eterna. Jesús prometió ese alimento y declaró que era su persona. Un hombre acosado, condenado a muerte, en vez de resistirse o de maldecir a sus enemigos, se entrega libremente en sus manos, da la vida por los demás. Y anticipa esa donación en ese gesto genial que es la eucaristía, instituida en la Última Cena. Jesús nos alimenta con su persona, su vida y su palabra. Nos alimenta incorporándonos a sí y haciendo que circule por nosotros su misma vida. Esa vida que Él ha recibido del Padre, una vida divina que dura para siempre (Juan 6,51-58).

Jesús promete la resurrección en el último día. En realidad ese día definitivo ha llegado ya con su resurrección de manera que esa vida eterna está presente ya en nosotros y la vivimos en la fe, la esperanza y el amor. No es todavía la vida eterna en plenitud, pero son las primicias y la garantía de lo que un día seremos y ya se deja entrever esa vida en abundancia que brota de la entrega generosa de Jesús por todos nosotros.

La Eucaristía es sacramento de comunión. Unión profunda con Cristo, que es nuestro alimento. En el proceso normal de la comida, somos nosotros los que asimilamos el alimento y lo incorporamos a nuestra vida. En la Eucaristía, por el contrario, somos nosotros los que nos incorporamos a Cristo y formamos uno con Él. Pero, al unirnos a Cristo, nos unimos también con el Padre. Es la vida del Padre la que anima la misión de Jesús y, a través de Él, la vida misma de Dios llega a nosotros.

Todos los que comemos el mismo pan formamos un solo cuerpo, porque tenemos la misma vida, la vida de Jesús, que es la vida misma de Dios (1Cor 10,16-17). La vida humana nace y se desarrolla en el seno de la familia. La Familia Marianista quiere ser un reflejo del seno maternal de María. En familia podemos crecer espiritualmente en Cristo, alimentados por su cuerpo y su sangre. Que la celebración de la eucaristía construya nuestra Iglesia como Familia de Dios, que vive solidaria los problemas de todos los hombres.

martes, 9 de junio de 2020

El confinamiento de Don Bernardo

El confinamiento de don bernardo empezó muy mal; resulta que ese viernes trece de marzo por la mañana, la cosa ya pintaba fatal, y don bernardo, preparó un comunicado breve, por el que a partir del sábado 14 se suprimían las misas y especialmente los aniversarios, hasta nueva orden, pero antes de lanzarlo, a media mañana, llamó a algún compañero, para ver lo que decían; parece ser que al mediodía se iba a sacar una nota desde el obispado para suspender las misas;  así que al mediodía, y sin más dilaciones, lanzó por facebook el comunicado que tenía preparado; cosa fue, que el obispado no habló hasta las nueve de la noche; por lo que a media tarde se vio obligado a retirarlo. Pudo suprimir dos aniversarios para el 14 por la tarde, pero no así, los dos que había por la mañana; era ya demasiado tarde, las iglesias estaban arregladas, las familias avisadas; hubo que hacerlos; pero la respuesta de la gente fue increíble, había tanto miedo, que los que acudieron a los funerales eran muy pocos, la familia más directa.

Así se empezó el confinamiento del covid19; don bernardo cerró las iglesias hasta el 11 de mayo, cuando se dio la orden civil para poder abrirlas.
Al principio, fue un romper la rutina, y un observar las noticias, a la gente, los enemigos de la Iglesia, se ponían las botas con sus críticas y mentiras en todas las redes sociales, “dónde está la iglesia, que hacen con todo el dinero que tienen, hasta que se vieron cubiertos de la abundancia de generosidad de la iglesia en múltiples noticias, labores, en todo aquello que ellos no son capaces de dar a nadie.  
En este primer mes, don bernardo reflexionó mucho sobre la libertad del ser humano y lo fácil que puede resultar al Estado el control de la misma; especialmente si los medios de comunicación se someten al poder, si el poder lucha por controlar la justicia y limita al mínimo el poder legislativo.
La libertad es el don más grande que tiene el ser humano, es la capacidad de ser como “dios”, de usar la creación para mejorarla y llegar a convertirla en un paraíso, o por lo contrario, en un “infierno”. La Iglesia lleva toda su vida diciendo que hemos de aplicar nuestra libertad en hacer el bien, en querer al mundo, en servir a nuestros semejantes, en ser humildes para llegar a caminar con todos, en el respecto y la defensa de la vida, frente a la cultura de la muerte. Es el camino para la construcción del paraíso, de un universo mejorado, donde la única ley sea el amor, y como cualquiera puede comprender, estamos a años luz de esa nueva creación, de “una vida eterna”, en donde las leyes físicas del universo y la vida en general se compenetren de tal manera que la libre acción humana no perturbe el equilibrio, sino que lo facilite.
Volviendo al tema del confinamiento, en la Iglesia aparecieron dos corrientes, una empeñada en mantener el culto y la otra que optó por el cierre de los templos.  Pronto surgen iniciativas de todo tipo, la más común, el uso de las tecnologías aplicadas al culto, como las misas youtoube; aunque también las hay más vanidosas, como las bendiciones de Santísimo Sacramento por calles vacías, algunos se subieron a los campanarios de las iglesias en pleno día de vendaval, otros celebraban misas en las azoteas de los edificios ….
            A don bernardo le tocó asistir en la muerte a dos feligreses, luego enterraría a varios más; siempre con bastante dolor, al estar prohibido el velatorio, el funeral y la presencia de gente en la propia inhumación. Hubo y aún queda, un dolor tremendo; las muertes de los mayores en las residencias de ancianos, en manos de nuestro vicepresidente de asuntos sociales, es un pecado que clama al cielo, la pasividad de la ayuda sanitaria, la inacción de medios, se parece a una “eutanasia encubierta”, aprovechando la situación, una maldad peor que las muertes de cualquier guerra.
            Llegó el 11 de mayo y se abrieron las iglesias, don bernardo recuperó la esperanza de volver a su actividad, y no digamos ya, el 8 de junio  cuando se abren los establecimientos, la gente vuelve a las calles, con miedo, también en las misas se nota la poca afluencia, la gente no se fia.
            Y que nos espera ahora, se pregunta don bernardo; que habrá aprendido la gente de todo esto, volveremos nuestra vista a Dios, servirá para avanzar más aún en un individualismo social egoísta, donde solo importe yo y los demás que se apañen, paraíso o infierno?. Y la economía, nuestros trabajos, nuestros medios de subsistencia, el futuro es incierto, pero la esperanza la estamos recuperado.

Manuel Garcia Souto
Junio de 2020

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